Fuerza en la debilidad

Oliviana recuerda cómo a los cinco años, escuchaba el sonido de las balas en las calles de Bucarest, Rumania, una fría noche de invierno de diciembre de 1989. Le preocupaba que su papá que no había regresado a casa. La revuelta continuó hasta que Oliviana y su mamá vieron en la televisión a los políticos que anunciaban al mundo que Rumania era un país libre, y allí, en el fondo de la imagen, se veía a su padre desplegando con orgullo la bandera rumana. 

Una ola de cambio inundó la nación. Los negocios que antes estaban vacíos ahora estaban llenos de mercadería pero la gente no tenía dinero, y el padre de Oliviana cayó en una profunda depresión después de la revolución. La confusión pasó de la nación a su propio hogar y todo lo que ella quería era un refugio seguro. 

Ella lo encontró cuando era adolescente en una iglesia local plantada por un surcoreano. “Yo sabía que Jesús murió en la cruz pero no entendí lo que eso significaba personalmente hasta  que tuve 14 años,” recuerda Oliviana. Durante los años que asistió a la iglesia y memorizó versículos, las verdades de la Palabra de Dios penetraron en su corazón. “A pesar de que al principio no creía, después de cuatro años realmente tocó mi corazón,” dijo Oliviana.

Como joven creyente, Oliviana fue a bordo del Doulos, uno de los barcos anteriores de OM, en Constanza en 2003. “Como nueva creyente, me impresionó bastante lo que esa gente estaba haciendo,” dijo Oliviana. “Todavía recuerdo que me senté con una chica coreana y ella me contó cómo era su vida a bordo. Tal vez en ese momento se encendió una chispa en mí.”

Oliviana siguió estudiando y después trabajó en la Escuela Internacional de Bucarest. Allí compartió activamente su fe en Jesús con sus compañeros de trabajo; para ella, ése era su campo misionero. Un día ella buscó el Doulos en internet. Después de saber que el barco había sido retirado de servicio, descubrió a su barco hermano, el Logos Hope. Leer los informes del ministerio entre las mujeres en la cárcel de Olongapo en Filipinas, tocó algo en su corazón. “Mientras oraba por ellas sentí como mi corazón cambiaba y se conmovía,” enfatizó. “Sentí que Dios estaba golpeando a la puerta de mi corazón y que yo tenía que ir.”

Oliviana oró durante tres meses para saber si era Dios que la estaba llamando o simplemente era su plan. “Le dije: ‘Dios, ¿puedes mostrarme más? Realmente quiero saber si esto viene de ti o es algo que se me ocurre a mí,” dijo. Entonces ella leyó en Génesis 12:4, el relato de cuando Dios llamó a Abraham para salir. “Así que Abraham salió de Harán como el Señor le dijo.” “Mientras leía sentí que mi nombre estaba escrito allí,  que Dios me estaba llamando a ir.” Esa fue una de las muchas confirmaciones que Dios le había dado y Oliviana sintió que éste era su llamado. Dios la estaba llamando, así que salió e ingresó al Logos Hope en febrero de 2013 en Camboya por dos años. 

Inicialmente, Oliviana trabajó en el departamento de Servicios de hotelería y huéspedes, limpiando el barco durante ocho horas. Con esto aprendió una dolorosa pero buena lección de humildad. “Aprendí que no tenía que confiar en mí misma y lo que podía hacer y que no podía confiar ni siquiera en mi propia fe porque tal vez tenía una idea equivocada de Dios,” dijo. Tuve que readaptar todas mis ideas acerca de Dios, mi fe y la gente.”  Después de 15 meses comenzó a trabajar en el Café Internacional. 

Desde que su vida cambió a los 18 años, Oliviana no se pudo guardar lo que Dios hizo por ella. Un encuentro importante para compartir su fe ocurrió en un tren cuando estaba visitando Kandy en Sri Lanka. Sus amigos habían salido para dar un paseo casual cuando conocieron a Chintaka, un católico romano de 19 años, que iba rumbo a un templo en busca de su propia idea de Dios. Un tripulante compartió con este joven que como Jesús había muerto por él, que Dios estaba ahí mismo con él. “Después de que compartimos, él se dio cuenta de que Dios lo estaba buscando y volvió a comprometer su vida a Cristo,” dijo Oliviana. Cuando el barco volvió a Sri Lanka unos meses después, el joven volvió al barco y Oliviana y otros pudieron animarlo en su fe.

Ella anima a otros que están pensando en misiones a “tomar tiempo para preguntarle a Dios qué quiere que hagas.” Oliviana sabe que la confirmación que Dios le dio para salir a misiones la ayudó a estar firme en dificultades. “Muchas veces sólo me apoyaba en el hecho de saber que Dios me había traído acá,” dice Oliviana. “Hubo veces en las que me sentí abandonada en medio del  mar, con el viento soplando en mi contra y no quería seguir. Sólo por la gracia de Dios todavía estoy aquí.”

Para Oliviana los dos meses y medio que el Logos Hope pasó en Corea del Sur tuvieron un gran significado. En Busan, el segundo de los cuatro puertos, Oliviana pudo encontrarse nuevamente con el pastor de su iglesia, el Reverendo Hong Key Chung y su esposa, que han estado sirviendo en Rumania durante 22 años. “Es interesante que el Evangelio me llegó primero directamente a través de misioneros surcoreanos. Desde mis años de crecimientos hasta cuando fui a la universidad, ellos impactaron mi vida de gran manera,” recuerda Oliviana.

Y en una forma que sólo Dios puede obrar, Él abrió las puertas y dirigió al barco nuevamente a Subic Bay en mayo de 2013 para que Oliviana pudiese encontrarse con las mujeres de la cárcel de Olongapo cuyos testimonios la inspiraron a ingresar al barco. “¡Pude ir a Olongapo y ver a las mujeres por las que había orado!” dijo. “No sentí que estaba en una cárcel. Sentí la más maravillosa libertad en Cristo. Sentí a una iglesia vibrante que está viva en la cárcel de Olongapo.”

El compromiso de servicio a bordo de Oliviana finaliza en febrero de 2015. Ella es una persona que naturalmente planifica su vida por eso le sorprende la paz que siente frente a la incertidumbre del futuro. “Esto sólo ocurre porque este año y medio de vivir por fe a bordo realmente me ha dado fe. Tal vez es esta fe que me dice que no tengo que preocuparme.”

Region: OM-SHIPS
Country: Ships