Creciendo en el discipulado

De las plantas de energía nuclear a la sala de máquinas del Logos Hope, el químico Manuel Gfeller de Suiza, estaba listo para servir a Dios de cualquier manera cuando ingresó al barco en Cebú, Filipinas en 2012.

Con su capacitación técnica, Manuel fue seleccionado para trabajar en la sala de máquinas. Tres meses después, el barco entró en el dique seco en Subic Bay, Filipinas adonde se mejoraron muchos sistemas de la sala de máquinas. Este período de seis meses no sólo fue el momento culminante para Manuel, con muchas oportunidades de servicio, sino un período al que él compara a una cicatriz, una marca que deja recuerdos.

Un recuerdo especial fue trabajar con subcontratistas locales en la sala de máquinas. Al trabajar juntos día a día y mes tras mes, Manuel y los demás compartieron su esperanza en Jesús con ellos.  La vida de un hombre cambió: “Conoció al Señor y cuando volvimos a Subic Bay en junio de 2013 me contó que su padre y su familia también habían comenzado una relación con el Señor. ¡Qué maravilla!” dijo Manuel.

Estos contactos personales son la manera preferida de Manuel para compartir el Evangelio. Tienen recuerdos especiales de las amistades con gente local de cada uno de los 22 puertos diferentes que visitó. Otro acontecimiento importante es visitar iglesias locales para presentar el Ministerio del Barco y animar a los creyentes, la familia de Dios alrededor del mundo, tener comunión y compartir la Palabra de Dios,” afirmó Manuel. 

Cuando Manuel tenía 11 años se convirtió en parte de la familia de Dios cuando tomó la decisión personal de seguir a Cristo en un campamento evangelístico organizado por su iglesia. “Mis padres me criaron de una manera admirable con valores cristianos,” dice Manuel. “En ese campamento me di cuenta de que yo también tenía que hacer un compromiso personal. Desde ahí en más gradualmente aprendí lo que significa caminar con el Señor.” 

Después del aprendizaje, los estudios y el servicio militar, Manuel buscó un trabajo. Seis meses después recibió la oferta de viajar a las plantas de energía nuclear para limpiar los generadores. “Para mí fue un regalo de Dios,” dijo. Un día estaba leyendo Filipenses 2:7 sobre la humildad de Cristo. Manuel sintió que Dios le hablaba. “Ese trabajo te lo di yo, pero ahora quiero que trabajes para mi Reino.” Dios cerró puertas para otras oportunidades hasta que fue claro que tenía que ir al Logos Hope.

Manuel se unió a otros tripulantes suizos que trabajaban en la sala de máquinas. Aprendió mucho haciendo el entrenamiento para hacer guardias para monitorear los niveles de los sistemas. “Yo era químico y esperaba hacer algo,” dijo Manuel. “No esperaba aprender tanto sobre motores y reparaciones” Otro momento importante de su tiempo a bordo fue tener también a su padre trabajando como voluntario en el dique seco del 2014 en Hong Kong, adonde ayudó en la remodelación del depósito de comida imperecedera. “Fue un tiempo especial porque él es mi papá. Realmente disfrutó el trabajo y el compañerismo,” añadió Manuel.

Al adaptarse a la vida a bordo, fue una lucha ver a los que dicen una cosa y no la hacen. “Yo me preguntaba qué iba a hacer con eso. Pero entonces Dios me enseñó a dejar pasar algunas cosas,” dijo Manuel. “Una cosa muy importante en la vida es aprender a discernir lo que podemos cambiar y lo que no podemos. Así focalizamos nuestra energía en lo que podemos influenciar y dejamos las otras cosas a Dios. Al fin y al cabo, la responsabilidad del barco es de Dios. Es Su barco, Él lo dirige y Él lo para y está bien, porque Él está a cargo de todo.”

Vivir estrechamente en comunidad fue otra dificultad en la adaptación. A través de los desafíos, Manuel descubrió el misterio de la gracia de Dios. “Esto es lo que realmente posibilita que la comunidad continúe y conviva y eso es asombroso. Acá tenemos tantas opiniones diferentes y tantas razones para discutir… pero la gracia nos basta. Caemos y nos tropezamos pero podemos perdonarnos.”

Manuel llama a este estilo de vida, discipulado. “Comparo al barco a Jesús caminando con sus discípulos. Esta es la clase de entrenamiento en discipulado que tenemos a bordo, porque vivimos juntos, trabajamos juntos, comemos juntos, siempre estamos juntos. Es mucho más difícil escaparse si uno no está de acuerdo con alguien, así que necesitamos confrontar las situaciones con los demás.”

Después de dos años y medio a bordo, Manuel va a volver a su casa a fin de agosto de 2014. “Me cuesta imaginarme viviendo una vida normal de nuevo,” dijo, dispuesto a que Dios siga usando sus habilidades para las misiones. Manuel anima a los que está pensando en ingresar al Logos Hope pero agrega una advertencia: “No pienses que vas a ser el mismo cuando vuelvas a tu casa.” ¿Su secreto para sobrevivir la vida a bordo? “Sal del barco regularmente a otro lado y cuida tu comunión personal con Dios. Si tienes esto, ¿qué te puede detener?”

Region: OM-SHIPS
Country: Ships